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Escala EVA del dolor: cómo se usa bien y en qué se confunde

Casi todas las consultas y plantas de hospitalización dicen que miden el dolor con la EVA. Muy pocas lo hacen. Lo que se usa casi siempre es otra escala parecida, la numérica, y la diferencia entre una y otra no es cosmética: el estudio español que se cita más abajo midió cuánto se parecen sus resultados sobre los mismos pacientes y el acuerdo fue moderado, no alto.

Esto importa porque el dolor es un dato clínico que solo tiene sentido comparado consigo mismo. Un 7 de hoy frente a un 9 de la semana pasada dice algo, pero solo si los dos números salieron de la misma escala y de la misma pregunta. Aquí está cómo se aplica la EVA de verdad, cómo se interpreta, dónde no sirve y qué hay que registrar para que el seguimiento signifique algo. Al final hay una hoja para descargar en PDF y en Word.

Qué es la escala visual analógica

La escala visual analógica, o EVA, la introdujo E. C. Huskisson en 1974 y es, en su forma original, una línea recta de 100 milímetros, sin números y sin marcas intermedias, con una leyenda en cada extremo: "ausencia de dolor" a la izquierda y "el peor dolor imaginable" a la derecha. Se le pide al paciente que marque sobre la línea el punto donde está su dolor, y después el profesional mide con una regla la distancia desde el extremo izquierdo hasta la marca. Ese número de milímetros, de 0 a 100, es la puntuación.

Tres detalles de esa descripción son los que se saltan a diario y los que convierten una EVA en otra cosa:

  • La línea no lleva números a la vista del paciente. Esa es toda la gracia del instrumento: evitar que el paciente ancle su respuesta en una cifra redonda. Si el paciente ve una escala del 0 al 10 y dice un número, eso es una escala numérica, no una EVA.
  • La mide el profesional con una regla. No se estima a ojo ni se redondea. Las reglas de EVA de doble cara, con la línea limpia por el lado del paciente y la graduación por el lado del profesional, existen justo por esto.
  • El resultado es un número de 0 a 100, no de 0 a 10. Muchos servicios lo convierten dividiendo entre diez, lo cual es legítimo si se hace siempre igual, pero hay que dejar constancia de que se ha hecho.

Conviene recordar también qué se está midiendo. La definición revisada de dolor de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor, actualizada en 2020, lo describe como una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada, o similar a la asociada, a una lesión tisular real o potencial. Es una experiencia, no un signo: no hay forma de medirla desde fuera, y por eso el autoinforme del paciente es la referencia, aunque no cuadre con lo que uno esperaría viendo la lesión.

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Cómo se interpreta

La conversión habitual en los protocolos españoles, sobre 10, es esta:

PuntuaciónInterpretación habitual
0Sin dolor
1 a 3Dolor leve
4 a 6Dolor moderado
7 a 10Dolor intenso

Y aquí hace falta una advertencia honesta: estos tramos son una convención de uso, no puntos de corte validados del mismo tipo que los de una escala diagnóstica. Sirven para ordenar la respuesta asistencial, por ejemplo para decidir que un 7 obliga a reevaluar en treinta minutos, pero no convierten el dolor de un paciente en el de otro. Un 4 en alguien con dolor crónico de años y un 4 en un postoperatorio inmediato no son el mismo problema clínico.

La regla que sí se sostiene es la del seguimiento: lo que importa no es el valor absoluto, sino la trayectoria del mismo paciente medida siempre igual.

EVA, numérica y verbal no son intercambiables

Esta es la parte que justifica todo lo anterior, y hay datos españoles.

Lourdes Camacho Barreiro, Josefa Pesado Cartelle y José María Rumbo-Prieto publicaron en 2016, en la revista Ene, un estudio hecho en una unidad de Medicina Interna del SERGAS, en Ferrol, en el que midieron el dolor de los mismos pacientes con las tres escalas unidimensionales a la vez: la visual analógica (EVA), la verbal simple (EVS) y la numérica (EVN). Analizaron 53 mediciones y encuestaron además a 102 enfermeras.

La concordancia, medida con el coeficiente de correlación intraclase:

ComparaciónCCICoincidencia dentro de 2 puntos
EVA frente a numérica0,69 (moderada)86,8 %
EVA frente a verbal simple0,60 (baja a moderada)79,2 %
Numérica frente a verbal simple0,50 (baja)No indicada

El análisis de Bland-Altman mostró además que la numérica tiende a dar valores algo más altos que la EVA, y la verbal simple algo más altos todavía. Los autores concluyen que la numérica es la alternativa más próxima a la EVA, pero no la recomiendan como sustituta.

La traducción práctica es directa: si en la primera visita se usó la EVA y en la revisión se preguntó "del cero al diez, ¿cuánto te duele?", la comparación entre ambas cifras no es limpia. Parte de la diferencia que se atribuye al tratamiento puede ser diferencia de instrumento.

Y hay un dato del mismo estudio que explica por qué esto pasa tanto: preguntadas por cuál les facilita más el trabajo, las enfermeras eligieron la escala verbal simple en un 49,0 % de los casos, frente a un 18,6 % que eligió la EVA. Un 47,1 % declaró directamente que no le parece práctica. La EVA exige una regla, una línea impresa y un paciente que pueda marcarla; en una planta con carga asistencial, eso compite con preguntar un número en voz alta y seguir. No es un problema de formación nada más: es un problema de diseño del instrumento frente al entorno donde se usa.

Cuándo la EVA no es la herramienta

La EVA necesita tres cosas del paciente: que vea la línea, que pueda marcarla y que entienda la abstracción de representar una sensación como una posición en un segmento. Cuando falta alguna de las tres, hay que cambiar de instrumento, no forzar el que hay.

Niños. La revisión de Quiles, van-der Hofstadt y Quiles publicada en la Revista de la Sociedad Española del Dolor en 2004 recoge que la EVA y las escalas gráficas se consideran válidas y fiables en niños mayores de cuatro años, aunque el umbral no es único y según el apartado se citan los tres, los cuatro, los cinco o los seis años. Por debajo se recurre a escalas de color, adecuadas hacia los tres o cuatro años, a escalas de caras, que no sirven a los dos años y sí a partir de los cinco en la versión de nueve caras, o a instrumentos como el Oucher, aplicable entre los tres y los doce años y con una versión fotográfica para quienes todavía no saben contar hasta cien. Hasta los tres años, la valoración se apoya en medidas conductuales y psicofisiológicas.

Deterioro cognitivo, sedación o intubación. Si el paciente no puede autoinformar, el autoinforme no se sustituye por la impresión del profesional: se sustituye por una escala de observación conductual, que valora expresión facial, movimientos, tensión muscular, vocalización y adaptación al respirador. Anotar "EVA 4" en un paciente sedado es anotar una opinión con aspecto de medida.

Problemas de visión o de motricidad fina. Un paciente que no distingue la línea o que no puede marcarla con precisión dará un valor que mide su destreza tanto como su dolor. Ahí la escala verbal o la numérica son mejores, siempre que quede registrado el cambio.

Una cifra no basta en dolor crónico

La EVA es una escala unidimensional: resume en un solo número una experiencia que la propia definición de la IASP describe como sensorial y emocional a la vez. En dolor agudo eso funciona razonablemente bien, porque la intensidad es casi todo lo que importa y porque el objetivo es inmediato: bajar de ese número en un plazo corto.

En dolor crónico, en cambio, el número solo cuenta media historia. Dos pacientes con un 6 pueden estar en situaciones opuestas: uno duerme del tirón y trabaja, el otro lleva meses sin dormir seguido y ha dejado de salir de casa. Si el seguimiento se reduce a la cifra, el segundo paciente puede pasar visitas enteras sin que nadie registre lo que de verdad ha cambiado en su vida.

Por eso en consultas de dolor crónico, de reumatología o de fisioterapia la EVA se acompaña de la interferencia: cuánto limita el dolor el sueño, la actividad habitual, el trabajo y el estado de ánimo. No hace falta un cuestionario largo para empezar; basta con que esas cuatro cosas tengan su casilla al lado de la cifra y se rellenen siempre. Un paciente que pasa de 7 a 6 pero ha recuperado el sueño ha mejorado mucho más de lo que dice el número.

Cinco errores que se repiten

Cambiar de escala entre visitas sin decirlo. Es el error que invalida más seguimientos, y con los datos de concordancia de arriba se entiende por qué. Si hay que cambiar de instrumento, por ejemplo porque el paciente ya no puede marcar la línea, se cambia y se deja escrito el día del cambio.

Preguntar sin acotar el momento. "¿Cuánto le duele?" admite al menos tres respuestas distintas: ahora mismo, de media en los últimos días, o en el peor momento. Cada una da una cifra y las tres son legítimas. Lo que no vale es preguntar una cosa hoy y otra en la revisión.

No distinguir reposo de movimiento. En postoperatorio, en traumatología y en fisioterapia esta es la diferencia clínicamente relevante. Un paciente puede estar en 2 tumbado y en 8 al cargar peso, y es el segundo número el que decide si puede irse de alta o progresar en la rehabilitación.

Redondear o estimar la marca a ojo. Si no se mide con la regla, el instrumento deja de ser una EVA y pasa a ser una impresión con aspecto de medida. Y si la hoja se imprime reescalada, la regla deja de coincidir con la línea.

Medir y no volver a medir. Una valoración sin reevaluación posterior no informa de nada: no dice si lo que se hizo funcionó. Es, con diferencia, el fallo más extendido y el más fácil de corregir, porque solo exige dejar programada la segunda medición en el momento de apuntar la primera.

Qué hay que registrar para que el dolor sirva de algo

Un número suelto en la historia es casi inútil. Una medición de dolor completa lleva cinco elementos:

  1. Qué escala se ha usado. Es lo primero que se olvida y lo que arruina la comparación. "EVA 6" y "EVN 6" no son el mismo dato.
  2. El valor y su rango. 60 sobre 100 o 6 sobre 10, dicho explícitamente.
  3. En qué momento. Dolor en reposo o en movimiento, antes o después de una cura, a qué hora. El mismo paciente puede estar en 2 en la cama y en 8 al levantarse.
  4. Qué se ha hecho. La analgesia administrada, con dosis y vía, o la medida no farmacológica.
  5. La reevaluación. Un valor sin un segundo valor después del tratamiento no permite saber si el tratamiento funcionó.

Ese quinto punto es el que más se incumple y el que convierte la medición del dolor en un trámite de registro en lugar de en una herramienta.

Hoja de la escala EVA para descargar

Hoja con la línea de 100 milímetros para el paciente, la regla graduada por el lado del profesional, la tabla de interpretación, un cuadro de registro seriado con la escala usada, el momento, la analgesia administrada y la reevaluación, y un recordatorio de las alternativas para pacientes que no pueden autoinformar. Gratis, en PDF para imprimir y en Word para añadir el membrete de tu centro.

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Esta plantilla forma parte de las plantillas clínicas de DriCloud, todas gratis y con descarga directa.

Importante: la hoja en PDF conserva la línea a 100 milímetros reales siempre que se imprima a tamaño real, sin ajustar al papel. Si la impresora reescala, la regla deja de coincidir con la línea y la medición se va al traste.

El dolor, dentro de la historia del paciente

Todo lo anterior se sostiene sobre el registro. La escala usada tiene que quedar guardada junto al valor, la reevaluación tiene que estar programada y no depender de la memoria de nadie, y la serie de mediciones tiene que poder verse de un vistazo, porque es la curva y no el punto lo que informa.

Cuando la valoración del dolor se hace dentro de la historia clínica electrónica, el campo guarda a la vez el instrumento y la cifra, la evolución se dibuja sola y el valor queda ligado a la visita y al tratamiento que se puso ese día. En DriCloud los formularios se configuran por especialidad, así que una unidad del dolor, una consulta de traumatología o una clínica de fisioterapia pueden tener cada una su hoja, con las escalas que de verdad usan.

Si trabajas con escalas de valoración, aquí tienes también la escala de Norton, el índice de Barthel y la escala de coma de Glasgow.

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