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Escala de Braden: las seis subescalas, cómo se puntúa y hoja para descargar

La escala de Braden es la herramienta más usada para valorar el riesgo de que un paciente desarrolle una úlcera por presión. No predice el futuro: ordena la valoración, permite comparar entre profesionales y, sobre todo, decide cuándo se activa el plan de prevención. Esta guía repasa las seis subescalas, la puntuación y los puntos de corte, y deja una hoja de valoración para descargar en PDF y Word.

Las seis subescalas

Braden valora seis factores. Cinco puntúan de 1 a 4 y el sexto, la fricción y el cizallamiento, de 1 a 3. El total va de 6 a 23 puntos y funciona al revés de lo que uno espera: cuanto más baja es la puntuación, mayor es el riesgo.

Subescala1234
Percepción sensorialCompletamente limitadaMuy limitadaLigeramente limitadaSin limitaciones
Exposición a la humedadConstantemente húmedaA menudo húmedaOcasionalmente húmedaRaramente húmeda
ActividadEncamadoEn sillaCamina ocasionalmenteCamina con frecuencia
MovilidadCompletamente inmóvilMuy limitadaLigeramente limitadaSin limitaciones
NutriciónMuy pobreProbablemente inadecuadaAdecuadaExcelente
Fricción y cizallamientoProblemaProblema potencialNo existe problema aparenteNo aplica

Cómo se interpreta el total

Puntuación totalNivel de riesgo
19 a 23Sin riesgo
15 a 18Riesgo bajo
13 a 14Riesgo moderado
10 a 12Riesgo alto
9 o menosRiesgo muy alto

El umbral clásico para activar el protocolo de prevención en hospitalización general son 16 puntos o menos. En unidades de cuidados intensivos muchos protocolos lo suben a 18, porque el paciente crítico acumula factores que la escala no recoge del todo: inestabilidad hemodinámica, sedación profunda, dispositivos y edema.

Un ejemplo resuelto

Paciente de 78 años ingresada tras una fractura de cadera, con dolor al movilizarse, incontinencia urinaria ocasional y poca ingesta desde el ingreso.

  • Percepción sensorial: ligeramente limitada, 3.
  • Exposición a la humedad: ocasionalmente húmeda, 3.
  • Actividad: encamada, 1.
  • Movilidad: muy limitada, 2.
  • Nutrición: probablemente inadecuada, 2.
  • Fricción y cizallamiento: problema potencial, 2.

Total: 13 puntos, riesgo moderado, con el protocolo de prevención activado. Lo interesante del desglose es que señala dónde actuar: aquí el problema no es la nutrición sino la inmovilidad, así que la prioridad son los cambios posturales y la superficie de manejo de la presión.

Qué hacer con el resultado

Una valoración que no cambia nada no sirve de nada. El resultado debe traducirse en un plan escrito y revisable:

  1. Cambios posturales programados, con la frecuencia registrada.
  2. Superficie especial de manejo de la presión cuando el riesgo lo justifica.
  3. Protección de talones y prominencias óseas.
  4. Cuidado de la piel, hidratación y manejo de la humedad y de la incontinencia.
  5. Valoración nutricional, con suplementación si procede.
  6. Educación al paciente y a la familia, sobre todo de cara al alta.

Y una regla práctica: la escala se repite. Al ingreso siempre, y después con la periodicidad que marque el protocolo o ante cualquier cambio del estado del paciente, una intervención quirúrgica o un episodio de deterioro.

Si en tu centro se usa la otra escala clásica, la escala de Norton, ahí están sus cinco parámetros, sus tres puntos de corte distintos y lo que midió un estudio español sobre cuánto se parecen dos valoraciones del mismo paciente.

De dónde sale y qué la respalda

La desarrollaron Barbara Braden y Nancy Bergstrom a mediados de los ochenta, y es hoy la escala de valoración del riesgo de úlceras por presión más extendida y la mejor estudiada.

El documento técnico número 11 del GNEAUPP, dedicado a las escalas e instrumentos de valoración del riesgo, le asigna la clasificación C1a: validez completa y fiabilidad, además de una definición clara de sus términos, que es justo lo que le falta a otras escalas. Sus puntos de corte, sobre un rango de 6 a 23, son 16 o menos riesgo bajo, 14 o menos riesgo moderado y 12 o menos riesgo alto.

Ahora bien, conviene leer la recomendación del GNEAUPP tal y como está escrita, porque se cita mal a menudo. Lo que ese documento respalda con nivel de evidencia alta no es Braden en particular, sino usar una escala validada, sea Braden, EMINA o Norton, en lugar del juicio clínico a solas. La diferencia entre valorar con una escala y no valorar es mucho mayor que la diferencia entre valorar con una y valorar con otra.

Si en tu centro se usa la otra escala clásica, en el artículo sobre la escala de Norton están sus cinco parámetros, el lío de sus tres puntos de corte distintos y lo que midió un estudio español sobre cuánto se parecen dos valoraciones del mismo paciente.

Lo que hay en juego: las cifras españolas

Conviene recordar por qué se hace esto. El 5.º Estudio Nacional de Prevalencia, con datos de 2017 y publicado en Gerokomos en 2019, recogió información de 554 unidades de hospitalización de adultos de 70 hospitales españoles:

  • Prevalencia de lesiones por presión en hospitales: 7,0 %.
  • En cuidados intensivos: 14,9 %.
  • En cuidados paliativos, la cifra más alta: 16,7 %.
  • El 72,2 % de las lesiones era de origen nosocomial: se desarrolló durante el ingreso.

Ese último dato es el que da sentido a la escala. No son lesiones que llegan con el paciente: son lesiones que aparecen mientras está a nuestro cargo, y por lo tanto en buena parte evitables. Una de cada catorce camas de hospital y una de cada siete camas de intensivos.

Las dos subescalas que no tienen las demás

Si se comparan las seis subescalas de Braden con los cinco parámetros de Norton, la diferencia no está en la cantidad sino en qué se mira. Norton valora estado físico, estado mental, actividad, movilidad e incontinencia. Braden valora percepción sensorial, exposición a la humedad, actividad y movilidad, y añade dos que las escalas clásicas no contemplan: la nutrición y la fricción y el cizallamiento.

Las dos están ahí por un motivo mecánico. La fricción y el cizallamiento no son sinónimos de presión: aparecen cuando el paciente resbala hacia los pies de la cama con el cabecero elevado, o cuando se le arrastra en lugar de levantarlo al movilizarlo. La piel se queda sujeta y los planos profundos se desplazan. Ese mecanismo produce lesiones que una escala que solo mire presión e incontinencia no anticipa.

La nutrición entra por lo mismo: un paciente con ingesta pobre y albúmina baja tolera peor la presión y repara peor. Es también la subescala que más se rellena a ojo, porque exige mirar lo que el paciente ha comido de verdad y no lo que se le ha servido.

Cada cuánto se repite

Al ingreso siempre, después con la periodicidad que marque el protocolo del centro, y de forma extraordinaria ante cualquier cambio que altere alguna de las seis subescalas: un deterioro del estado general, una intervención quirúrgica, un episodio febril, un cambio en el nivel de conciencia, la aparición de incontinencia o una caída de la ingesta.

Una puntuación que se toma una vez al ingreso y no se vuelve a mirar no previene nada, y una puntuación que baja sin que cambie el plan de cuidados convierte la escala en un trámite de registro.

Hoja de la escala de Braden para descargar

Hoja con las seis subescalas y sus descriptores, el cuadro para puntuar al paciente, la tabla de interpretación, la lista del plan de prevención y un registro de revaloraciones. Gratis, en PDF para imprimir y en Word para añadir el membrete de tu centro.

Enlace directo. Sin formulario, sin registro.

Esta plantilla forma parte de las plantillas clínicas de DriCloud, todas gratis y con descarga directa.

Las escalas, dentro de la historia del paciente

La prevención de úlceras se sostiene sobre el registro: quién valoró, cuándo, qué salió y qué se hizo. Cuando la escala vive en la historia clínica electrónica, la revaloración se programa sola, la evolución queda a la vista y el plan de cuidados se vincula a la puntuación en lugar de quedarse en una hoja de la carpeta. Si trabajas en enfermería, aquí tienes también la valoración por patrones funcionales de Gordon y el índice de Barthel.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos puntos tiene la escala de Braden?

De 6 a 23 puntos. Cinco subescalas puntúan de 1 a 4 y la de fricción y cizallamiento de 1 a 3. A menor puntuación, mayor riesgo.

¿A partir de qué puntuación hay riesgo?

De 19 a 23 puntos se considera sin riesgo; de 15 a 18, riesgo bajo; de 13 a 14, moderado; de 10 a 12, alto, y 9 o menos, muy alto. El protocolo de prevención suele activarse en 16 puntos o menos, y en cuidados intensivos en 18 o menos.

¿Cada cuánto hay que repetir la valoración?

Al ingreso y después según el protocolo del centro, además de siempre que cambie el estado del paciente, tras una cirugía o ante un deterioro.

¿Braden o Norton?

Ambas valoran el riesgo de úlceras por presión. Braden añade la nutrición y la fricción y el cizallamiento, y es la más extendida en los protocolos actuales. Lo importante es usar la que marque el centro y usarla siempre igual.

¿Dónde descargo la hoja de la escala de Braden?

En esta misma página, gratis y sin registro, en PDF y en Word, con las subescalas, la interpretación y el plan de prevención.

Contenido divulgativo dirigido a profesionales sanitarios. La escala orienta la valoración del riesgo; el juicio clínico y el plan de cuidados corresponden al profesional y al protocolo de su centro.

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