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Historia Clínica en Podología: Qué Debe Incluir

La historia clínica en podología recoge la anamnesis del paciente, la exploración del pie, los tratamientos realizados (de la quiropodia a la cirugía), los estudios de la pisada y la evolución entre visitas. En pacientes de riesgo, como el pie diabético, es además una herramienta de seguridad: documenta el estado vascular y neurológico en cada revisión.

Como en toda especialidad con tratamientos periódicos, su valor está en la continuidad: saber qué se hizo y qué pasó desde la última visita.

Anamnesis y exploración

Antecedentes (diabetes, vasculopatías, medicación anticoagulante), actividad y calzado habitual, motivo de consulta y exploración: piel y uñas, morfología, movilidad, pulsos y sensibilidad cuando procede. Con plantillas estructuradas, la primera visita queda completa en minutos.

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Quiropodias y tratamientos periódicos

Cada quiropodia debe registrarse con su fecha y sus hallazgos: la periodicidad real de cada paciente se conoce mirando su historia, y de ahí salen los recordatorios de la siguiente visita. Un software para podología como DriCloud une cada visita, sus imágenes y su bono de sesiones en el mismo expediente.

Estudios de la pisada y cirugías

Los informes del estudio biomecánico, las imágenes y las radiografías se adjuntan a la historia, y las cirugías (uña encarnada, partes blandas) requieren su consentimiento informado firmado y su hoja de seguimiento postoperatorio.

El pie diabético, con protocolo

En diabéticos, cada revisión documenta el cribado: estado vascular, sensibilidad, deformidades y lesiones. Ese registro sistemático detecta a tiempo lo que, tarde, acaba en úlcera. La historia clínica es aquí literalmente preventiva.

El protocolo del pie diabético, paso a paso

En cada revisión del paciente diabético: inspección de la piel y las uñas en busca de lesiones, hiperqueratosis y micosis; palpación de pulsos pedio y tibial posterior; cribado de neuropatía con monofilamento de 10 g en los puntos estandarizados y diapasón para sensibilidad vibratoria; valoración de deformidades y del calzado que trae puesto. El resultado se registra de forma estructurada y clasifica el riesgo del pie, que determina la frecuencia de revisión.

Ese registro sistemático no es burocracia: es la diferencia documentada entre detectar una zona de presión hoy y curar una úlcera durante meses.

Quiralidad de la historia: por pie y por dedo

El registro podológico gana precisión cuando localiza: primer dedo del pie izquierdo, borde lateral, uña con onicocriptosis en estadio II. Los esquemas del pie con marcado de zonas hacen ese registro rápido y permiten comparar entre visitas exactamente el mismo punto. En cirugía ungueal, la localización precisa es además requisito del consentimiento.

De la exploración al calzado: cerrar el círculo

La historia completa recoge también lo que el paciente calza y su actividad: el mejor tratamiento fracasa si vuelve al zapato que causó el problema. Las recomendaciones de calzado documentadas, con revisión de lo que trae en cada visita, forman parte del plan terapéutico tanto como la quiropodia o la plantilla.

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