El estudio de la pisada (o estudio biomecánico de la marcha) es una exploración que analiza cómo pisa y cómo camina el paciente: la morfología del pie, los apoyos, la marcha y su relación con molestias en pies, rodillas, caderas o espalda. A partir de sus resultados, el podólogo decide el tratamiento, que a menudo incluye plantillas personalizadas.
No es solo para deportistas: dolores repetidos al caminar, desgaste anómalo del calzado o pies infantiles con dudas son motivos habituales.
Cómo se hace
Combina la exploración en camilla (movilidad, morfología), el análisis en estática (apoyos, alineación) y el análisis dinámico de la marcha o carrera, con plataformas de presiones o vídeo según el equipamiento de la clínica. Dura entre 30 y 60 minutos.
Qué detecta
Pies planos o cavos, hiperpronación o supinación, dismetrías, sobrecargas y patrones de apoyo que explican lesiones repetidas: fascitis, tendinopatías, metatarsalgias o dolores articulares que suben por la cadena.
Después del estudio
Si se indican plantillas, se fabrican a medida y se revisan: primero su adaptación y después su estado, normalmente cada año. El informe del estudio, las imágenes y las revisiones deben quedar en la historia del paciente; las clínicas lo gestionan unido al expediente con un software para podología como DriCloud.
Cuándo repetirlo
Ante cambios relevantes: nueva lesión, cambio de actividad deportiva, crecimiento en niños o cuando las plantillas cumplen su vida útil. El estudio es una foto de cómo pisas hoy, y la pisada cambia.
Qué pasa exactamente durante el estudio
Primera parte, en camilla: exploración articular y muscular de pies, tobillos, rodillas y caderas, valoración de acortamientos y de la morfología del pie. Segunda, en estática: apoyos sobre podoscopio o plataforma de presiones, alineación de rodillas y pelvis. Tercera, dinámica: caminar (y correr, si eres corredor) sobre plataforma o cinta, con grabación en vídeo para analizar cada fase del paso a cámara lenta. Con todo ello, el podólogo relaciona lo que ve con las molestias que cuentas.
Consejo práctico: lleva el calzado que más usas y, si haces deporte, las zapatillas con las que entrenas; su desgaste es información diagnóstica.
Las plantillas: qué esperar de ellas
La plantilla personalizada no es un molde del pie sino una corrección calculada: se diseña sobre las mediciones del estudio para redistribuir presiones o corregir el gesto. Requiere periodo de adaptación progresiva (días alternos, horas crecientes), revisión al mes para ajustar y renovación cuando pierde propiedades, habitualmente cada uno o dos años según uso. Una plantilla que duele pasada la adaptación no está bien: se revisa, no se aguanta.
Estudio de la pisada en niños: cuándo sí
Los pies infantiles evolucionan: el pie plano flexible del niño pequeño suele corregirse solo, y no todo merece plantilla. Las señales que justifican estudio: dolor recurrente, caídas o tropiezos frecuentes, desgaste muy asimétrico del calzado, o un pie plano rígido o doloroso. La revisión podológica escolar detecta a tiempo lo que conviene tratar y evita tratar lo que solo necesita crecer.
